Tradicionalmente, las poblaciones que viven en las costas han recibido muy poca atención, tanto por parte de las instituciones como por parte de los investigadores. Esto se debe a que el centro de atención han sido las comunidades rurales y agrícolas, ya que presentaban un nivel de inclusión social mucho mayor, siendo los pescadores parte de las comunidades litorales marginales.
En las últimas décadas, investigadores de diferentes disciplinas han comenzado a poner atención sobre estas peculiares comunidades, quienes guardaban una perspectiva muy diferente a la tradicional de los procesos sociohistóricos y una dinámica cultural diferente a la del resto de la población.
Las poblaciones pesqueras han desarrollado complejos métodos para articular sus realidades: desde una dinámica social basada en la reciprocidad y el cooperativismo, hasta simbólico, entendiendo el mar no sólo como su medio de subsistencia y espacio de trabajo, sino como su forma de comunicación con el resto de comunidades y su punto de encuentro con su propia colectividad, a la cual se encuentran bastante arraigados.
Durante los últimos años, la óptica institucional también ha comenzado a prestarle mayor atención al sector, creándose diversas instituciones e iniciativas para su visibilización. Una de las últimas, parte de la OMI (Organización Marítima Internacional), que impulsa una campaña en redes bajo el lema de #IAmOnBoard que no sólo dignifica las labores del sector, sino que pretende impulsar una perspectiva de género, también muy necesaria en este entorno.


